miércoles, 19 de septiembre de 2012

El sismo de 1985: 27 años después

El hecho que marcó un antes y después en Tlatelolco

 


Miguel Angel Márez Tapia*

El Edificio Nuevo León recién terminado a mediados de 1964.
Fuente: BANOBRAS 

El jueves del 19 de septiembre de 1985 modificaría la vida para todos los que habitamos Tlatelolco. ¿Cómo éramos antes y cómo somos ahora? Emplearemos brevemente una mirada espejo para comparar ciertas diferencias y similitudes en dos dimensiones: espacial y socialmente.

La primera es la estabilidad, principio básico que rige la vida cotidiana de toda familia, el espacio material de la casa marca un centro, es origen y retorno de todo camino, el departamento en Tlatelolco se puso en entredicho ese día. Sí, había habido temblores antes; sí, hubo daños previos por sismos que eran reparados por AISA (nuestro administrador central), pero luego que dos módulos del edificio Nuevo León sucumbieron en 1985, todos miraron a Tlatelolco diferente. Sólo es necesario evocar los discursos oficiales que Adolfo López Mateos y su gabinete cuando pregonaron en la construcción del Conjunto Urbano, Tlatelolco era el símbolo de la modernidad, la seguridad en sus estructuras, se había empleado lo más sofisticado en construcción que se conocía hasta ese entonces, era un privilegio y distinción vivir dentro de la verticalidad y densidad de un espacio abierto dedicado a la regeneración de tugurios, dando a los mexicanos un lugar de movilidad entre áreas verdes, pasillos y andenes, un espacio autocontenido y lleno de lujos.

Después del sismo, ha permeado un sentimiento de vulnerabilidad, fortaleciéndose a través de los años, excepto aquellos tlatelolcas con mucho arraigo y llenos de amistades dentro de la Unidad que muestran una mirada que aún con el deterioro que el tiempo y la falta de mantenimiento ha modificado la imagen urbana de Tlatelolco, en ellos aún es posible encontrar ciertos elementos de certidumbre que les permite mantener una percepción de ventajas y privilegios al habitar aquí, pero es innegable que es una minoría entre la población. La extensa mayoría de habitantes no tiene confianza en la estabilidad de su edificio y por ende de su casa, la memoria siempre cuando la tierra tiembla evoca ese hecho de 1985. Se dice coloquialmente “si un edificio se cayó, entonces cualquiera se puede caer mañana”, ese es el pensamiento predominante en muchos vecinos. Habitar un departamento, usando la metáfora del árbol, donde las raíces no son seguras para mantenerlo en pié o se desconfía de ellas, es una emoción inquietante y llena de incertidumbre que ha sido motivo de malbaratar los departamentos con fin de irse a otro lugar más “seguro”.

El sismo no únicamente tiró parte del Nuevo León, sino retomando palabras de Antonio Fonseca “derrumbó todo aquello que no estaba bien construido”, la muerte de un familiar, un amigo, un conocido, alguien que era parte de nuestra vida, es un hecho irreparable. Pero también fue dramático, el desmembramiento de familias que se separaron en el proceso, la pérdida del amigo o los amigos del cuadro porque su familia migró a otros rumbos de la ciudad o el país, fue una tragedia en muchos sentidos.

27 años después, Tlatelolco sigue en pié. Aún con todos los desaciertos que hemos cometido, al no construir comunidad y mejor fortalecer la individualización en vez de la convivencia con el otro, tenemos vecinos que no conocen a nadie de su edificio, ni les interesa saber de ellos. Recuerdo que me dijeron hace tiempo, “yo no tengo problemas con mis vecinos, porque simplemente no los conozco”.

Ahora muchos departamentos se han convertido en una fortaleza ante los miedos del exterior (peligros extensos que sin duda sobrepasan nuestra imaginación, pero se refuerzan en una sociedad llena de incertidumbre, inseguridad y falta de certeza a un futuro prometedor), hemos pasado por la lucha y consolidación de la seguridad social, a una implementación del fortalecimiento de mecanismos de nuestra seguridad individual. Podríamos preguntarnos: ¿Cuántas rejas, cerraduras o cámaras de seguridad tenemos?

El sismo transformó Tlatelolco, eso nadie lo puede negar. Pero en vez de mantener una mirada nostálgica y pesimista, es necesario recuperar todo aquello que evocamos y aún es viable volver a regenerar en la actualidad, sin duda la solidaridad entre vecinos es un principio básico, debemos recordar que la tragedia de 1985, ejemplificó la virtud de muchos tlatelolcas en la ayuda y rescate a los heridos, ahora podemos apoyarnos ante la inseguridad que permea nuestro hogar, porque eso debe ser Tlatelolco para nosotros, es nuestra casa que necesita la ayuda de la mayoría para volver a darle el esplendor a los cimientos de cada una de sus edificaciones, tanto actuales como históricas.

Tlatelolco necesita de todos, es necesario preguntarnos: ¿Qué aprendimos del sismo de 1985? Es una pregunta que debe servirnos para iniciar una reflexión y motivar una nueva actitud en nuestra convivencia cotidiana, debemos conocernos para saber quiénes somos, pero sobre todo, así podremos ir definiendo hacia dónde, asimismo qué queremos para regenerar y mejorar nuestro hogar, finalmente nuestra propia calidad de vida. 

*Antropólogo


 

 

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