lunes, 19 de febrero de 2018

¿ AMLO liberal o conservador?

Alejandro Mario Fonseca
Ya pasaron 150 años desde que la ideología liberal triunfó en México después de una disputa por el poder que duró más de medio siglo. Los conservadores se resistían a renunciar a los privilegios que habían heredado después de tres siglos de dominio colonial.
Fueron 50 años de caos político, económico y social, que dieron paso a la República Restaurada: periodo que va desde el triunfo de los liberales encabezados por Benito Juárez sobre la intervención y el Imperio en 1867 y que abarca los gobiernos de Juárez (1867 a 1872) y de Sebastián Lerdo de Tejada (1872 a 1876).
Ahora que nuestro país se perfila hacia una verdadera alternancia política con el posible triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las próximas elecciones, la disputa ideológica entre liberales y conservadores sigue viva. ¿Por qué?
Pues porque el proyecto liberal de Juárez en realidad fracasó. Nunca se consolidó y lo más grave fue que le abrió  las puertas a la dictadura de Porfirio Díaz.
Y después de  la Revolución de 1910 tampoco pudo consolidarse un régimen plenamente liberal y democrático. Muy pronto los jefes militares triunfantes instauraron una monarquía sexenal disfrazada de República Federal democrática. ¿Por qué este reiterado fracaso de la modernización política en México?


López Obrador ofrece disculpas a intelectuales como Krauze y Silva-Herzog. Foto Proceso

¿Dos enfoques contrapuestos?
Hurgando en las raíces históricas del conflicto, encuentro por lo menos dos enfoques contrapuestos sobre la sociedad novohispana: el “ilustrado”, que ve en los siglos XVII y XVIII estabilidad y progreso; y el crítico, según el cual el principal problema de México –herencia de la Colonia- sigue siendo la desigualdad.
Por ejemplo, Octavio Paz en El ogro filantrópico considera que durante la Colonia el genio criollo logró crear una sociedad civilizada que no puede ser comparable con nada de lo que ha sucedido después.
Se refiere a la paz interior y a la capacidad defensiva en el exterior; a un territorio que sin cesar se extendía; una economía próspera, al menos para el grado de desarrollo técnico de la época; y un sistema de equilibrio de poderes, ya que no de libertades públicas; además de un régimen de jurisdicciones especiales, en ausencia de una legislación igualitaria.
Paz va todavía más allá y resalta la gran herencia arquitectónica, la historiografía, la literatura  y los comienzos de una tradición científica; y remata: “un pueblo unido y regido por valores religiosos que eran asimismo valores morales, estéticos y políticos”.

México: el país de la desigualdad
Y para poner tan sólo un ejemplo contrario a las apreciaciones de nuestro gran premio Novel, cuando al historiador Fernando Benítez se le pedía resumir su idea de México en pocas palabras, respondía parafraseando al Barón de Humboldt: “México es el país de la desigualdad. Quizá en ninguna otra parte la haya tanta en cuanto a la distribución de la riqueza, de la educación, de la población”.
Benítez resulta demoledor en su crítica y nadie medianamente culto puede estar en su contra. “Ningún país avanza sanamente con una masa de miserables como la que tenemos en México: esta es la herencia de la Colonia”.
Con las citas que le he compartido hasta aquí, el poeta Octavio Paz resultaría un conservador, reaccionario, que añora los tiempos coloniales; y Benítez un radical de izquierda, que solo ve parcialmente la realidad que le interesa criticar.
Sin embargo, ambos tienen razón, lo que pasa es que hay que dedicarle más tiempo a leer completos sus escritos. Por ejemplo El ogro filantrópico es un hermoso ensayo que Paz escribió en 1976. Se trata de una crítica contundente al PRI gobierno de nuestros días. Pero hay que leerlo completo.
Por desgracia nuestros políticos en su mayoría son mediocres intelectualmente. No leen, no se informan: están dedicados a amasar grandes fortunas y no les interesa en serio el desarrollo nacional. Ocupar un cargo público implica una gran responsabilidad y los requisitos para los candidatos deberían ser mucho más estrictos.

El Peje volviendo a las andadas
Lo deseable sería que nuestros políticos fueran también hombres de letras y que además estuvieran especializados en administración pública, o en jurisprudencia, o en otras disciplinas, según el caso de su función; o ya de perdida que contaran con asesores serios y que los tomaran en cuenta.
Le cuento todo esto, porque recientemente se llevó a cabo un enfrentamiento entre el Peje y Jesús Silva-Herzog Márquez, en el que se vio involucrado Enrique Krauze.
Se trata de dos científicos de lo social, liberales y enormes críticos del sistema político mexicano. Ambos están muy preocupados por las debilidades de AMLO: principalmente por su herencia patrimonialista (priista) y su egocentrismo.
Pero ninguno de los dos ha llegado a la crítica fácil e ignorante de los panistas y priistas que equiparan al Peje con los dictadores venezolanos,  o que lo acusan de estar financiado por los rusos. Lo que pretenden es hacerle ver sus errores y sus debilidades, para que los corrija.
Y esta vez el Peje, que ya había superado sus reacciones de ira, sonriendo y bromeando ante las críticas serias y agudas; volvió a las andadas y despotricó contra los “fifís” del diario Reforma, tachándolos de conservadores. Por fortuna se disculpó al poco tiempo y el desaguisado quedó saldado.

El político y el científico
Pero ahora resulta que Enrique Krauze quiere debatir sobre liberalismo con el Peje en público. Y desde luego que eso nunca va a suceder. Y Krauze sabe muy bien porque: conoce  El político y el científico aquella hermosa obra de Max Weber y no es ajeno al problema de fondo.
 El político aspira al poder; al poder como medio para consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder “por el poder”. En cambio, al científico le interesa la verdad. Y la verdad en México no da muchos votos, hay que saber decirla, sin lastimar, o mejor callar.
La política y la ciencia no deberían ser profesiones contrapuestas, sino complementarias. Pero en nuestros tiempos de súper especialización es muy difícil que esto se dé. A  lo más que podemos aspirar, es a que nuestros políticos se asesoren bien, por especialistas.
Pero insisto, en los tiempos que nos tocó vivir a los mexicanos, es muy difícil que esto suceda. A nuestros políticos sólo les interesa el poder para enriquecerse, “no tienen llenadera”, como dice AMLO.
Hablo en general, no son todos y AMLO a pesar de todo, sigue siendo la esperanza de México. Y por todo lo que le estoy comentando, resulta muy importante que sus colaboradores sean de primera línea, honrados y valientes.
¡Qué bueno que AMLO quiera emular a Benito Juárez y a Lázaro Cárdenas! Porque ambos personajes no actuaron solos, contaban con grandes colaboradores; “verdaderos gigantes”, como dijera Don Daniel Cosío Villegas en su  Historia moderna de México.

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