lunes, 21 de enero de 2019

El rescate de PEMEX no es la panacea

Alejandro Mario Fonseca

Estas últimas dos semanas los mexicanos hemos presenciado el inicio de la Cuarta Transformación de la República encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

La “guerra del huachicol” ha destapado una la cloaca de una sangría 60 mil millones de pesos anuales que algunos malos funcionarios de Petróleos Mexicanos se estaban robando.

De lo que se trata es de una inmensa red de corrupción que involucra a mucha gente desde hace ya largo tiempo. Y lo sorprendente es que PEMEX “aún sigue vivito y coleando” y es rescatable, al menos esa es la apuesta de AMLO.

Pero recordemos, la reforma energética impulsada por Peña Nieto hace 6 años fue la más controvertida de todo su paquete “modernizador”. ¿Por qué? Por razones históricas, por que tocaba una de las fibras más sensibles de la ideología de la Revolución Mexicana: el nacionalismo.

Son ya 80 años los que van de 1938, el año de la expropiación petrolera, al día de hoy. Y los mexicanos parecemos no darnos cuenta de que el petróleo está dejando de ser la energía que mueve al mundo. Veamos las cosas con calma y con una visión global.

AMLO anuncia rescate de PEMEX en Campeche.

El cardenismo: la última gran oleada de la Revolución Mexicana
Confieso que yo fui uno entre muchos millones de mexicanos que nos indignamos ante el revés histórico que significó la reforma energética de Peña. Y es que para los que nos preocupamos por conocer un poco nuestra historia, la reforma significaba claudicar a nuestros valores nacionalistas más sentidos.

Como si el petróleo hubiera sido durante estos 80 años uno de los motores del desarrollo nacional. Y bueno, la verdad es que si lo fue,  pero a medias. Desde el cardenismo los sucesivos gobiernos pudieron contar con recursos crecientes para invertir en escuelas, hospitales y en infraestructura.
Pero también es cierto que la paraestatal Pemex se convirtió casi desde el principio en la “gallina de los huevos de oro” de la que abusaron los políticos, los gerentes administrativos y los líderes sindicales.

Y aunque la expresión fue una de las burradas del expresidente Peña, en el fondo tenía razón, en parte. Si fue la “gallina de los huevos de oro”, especialmente desde el gobierno de López Portillo; y aunque todos abusaron sistemáticamente de la paraestatal, no la pudieron matar.
Insisto, yo soy de los que me opuse a la reforma energética. El principal argumento que nos movía era moral: en lugar de privatizarse PEMEX debía reformarse, corregirse, para seguir siendo el principal motor del desarrollo nacional.

Al contar ya nuestro país con recursos humanos especializados para un relanzamiento de Petróleos Mexicanos, lo que se requería era desmantelar la corrupción administrativa y sindical. Vaya sueño guajiro. ¿Quién lo iba a hacer? AMLO, si es que ganaba las elecciones.


El modelo de industrialización centralista está tocando fondo
Y de todo este sainete, por lo menos ya nos dimos cuenta de algo: de que el problema de fondo era de corrupción e impunidad. Y con esto no quiero decir que “la corrupción somos todos”, no, sino que estaba muy generalizada y corroía los más altos niveles de los tres órdenes de gobierno.

Pero en lo que quiero insistir hoy, es que son las anteojeras del nacionalismo revolucionario las que no nos dejan ver con claridad lo que está sucediendo en los países de industrialización avanzada y cómo nos afecta.

No fue sino hasta los debates entre Hilary-Trump cuando me di cuenta de que el mundo está viviendo una Tercera Revolución Industrial que significa desde ya, cambios dramáticos en todos los órdenes de la vida moderna tal como  la conocemos.

La Primera Revolución Industrial, la clásica fue la que se inició en Inglaterra, Francia y los Países Bajos. Alrededor de 1750,  fue la energía hidráulica la que impulsó la industrialización. Después vinieron las máquinas (la de vapor y otras) que transformaron los métodos de producción. Apareció la industria textil, la del carbón: el comercio y la agricultura se vieron fuertemente revolucionados.

A fines del siglo XIX vendría la Segunda Revolución Industrial, basada en la conjunción de la electricidad centralizada, la era del petróleo, el automóvil y la construcción suburbana. Después de la Segunda Guerra Mundial la industrialización se expandiría a lo largo y ancho del planeta. Los Estados Unidos se convertirían en la nación más próspera de la tierra.


El sol sale para todos: la necesidad de un nuevo paradigma energético
Durante la última década del siglo XX la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) le dio al mundo industrializado ya envejecido, en crisis, nuevos bríos, mejorando la productividad y la eficiencia: aparecieron nuevas oportunidades empresariales y nuevos empleos.

Sin embargo las TIC no pudieron materializar su pleno potencial comunicativo distribuido, debido a que no son plenamente compatibles con un régimen energético y una infraestructura comercial de carácter centralizados (verticales).

Un nuevo paradigma energético es lo que esta en el núcleo duro del desarrollo en los países de industrialización avanzada, y es eso lo que los empresarios ignorantes y depredadores encabezados por Donald Trump no están dispuestos a aceptar.

La nueva comunicación eléctrica de segunda generación es de naturaleza distribuida y está adaptada para gestionar formas igualmente de energías distribuidas, es decir renovables (limpias) y una actividad comercial y empresarial  de carácter lateral, horizontal y democrático.


El rescate de PEMEX no es la panacea
Pero regresando al México de hoy, está bien, AMLO está enfrentando la corrupción en serio y todos los mexicanos debemos cerrar filas y apoyarlo en la guerra contra el huachicol.

Sin embargo, aun cuando se rescate PEMEX, el sueño dorado de que vuelva a ser “el motor del desarrollo nacional”, puede convertirse muy pronto en pesadilla: ya no es la panacea que le funcionó muy bien al general Lázaro Cárdenas.

La panacea que buscaban los alquimistas del medievo era un mítico medicamento que “curaba todas las enfermedades” o, incluso, “prolongaba indefinidamente la vida”.

Así como veo a AMLO y sus colaboradores rescatando PEMEX contra viento y marea, así me gustaría también verlos impulsando decidida y masivamente el uso de energías renovables, especialmente la energía solar.

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