viernes, 8 de noviembre de 2019

A pesar de los tropiezos la 4 T avanza

Alejandro Mario Fonseca
Trastabillar es golpear involuntariamente con el pie contra un obstáculo o contra el suelo al ir caminando o corriendo, de modo que se pierde el equilibrio. También es hablar con pronunciación entrecortada y repitiendo algunas sílabas y sonidos.

AMLO habla lento, lentísimo, tanto que a mí me duerme y a muchos los hipnotiza, cosa que es algo parecido, pero su discurso es coherente.  Aunque apela demasiado a las emociones y para algunos, resulta demagogo.

 Pero en cuanto a sus políticas, sí que tropieza (trastabillea). Y es que se ha impuesto tareas muy difíciles y complejas y los obstáculos son muchos: sí, muy difíciles pero no imposibles.

Y uno de sus mayores obstáculos, la madre de todos los obstáculos, es la debilidad del Estado mexicano. Sé que a muchos les va a sonar esta última afirmación a  malinchismo, ese término que se utiliza en la cultura mexicana como referencia a un complejo social que rechaza lo propio y más bien, favorece lo extranjero.

Pero darse cuenta de las debilidades de la organización política de la sociedad mexicana, no es ser malinchista. Todo lo contrario, es asumir una realidad adversa para intentar superarla.
A pesar de los tropiezos la 4 T avanza

El problema de fondo es que el Estado mexicano siempre ha estado muy alejado de la sociedad a la que representa. Tan es así, que las instituciones de gobierno son el Estado. Y en las etapas de debilidad esto se traduce en abuso, corrupción e impunidad.

Y de las débiles instituciones del gobierno mexicano, las más sensibles a la crítica son aquellas que encarnan el núcleo duro de sus responsabilidades, las que tiene que ver con el monopolio de la legítima violencia: las de la seguridad.


El debate sobre las fuerzas armadas
¿Cuál es el papel que juegan las fuerzas armadas en la sociedad mexicana? Ese debería ser el tema de debate central sobre la 4 T de AMLO. Pero no lo es. ¿Por qué? Porque criticar, “hablar mal” del Ejército mexicano es un tabú.

Un tabú es la prohibición de hacer o decir algo determinado, impuesta por ciertos respetos o prejuicios de carácter social o psicológico. En nuestro país la mayoría de los críticos les tienen un respeto reverencial a los militares.

La razón es muy sencilla. El Estado mexicano “moderno”, laico,  el de la pos revolución, nace del Ejército. El PRI desde sus orígenes estuvo bajo la tutela y hegemonía de las fuerzas armadas. Los generales Obregón, Calles y Cárdenas fueron los artífices del ogro filantrópico.

Y desde los años 40 el Ejército “por las buenas” renunció a la política. Bueno, no renunció, se hizo a un lado y aparentemente dejó la política en manos de civiles. Lo que realmente pasó es que se dio una relación simbiótica entre el gobierno laico y el Ejército.

La simbiosis es una asociación íntima de organismos de especies diferentes para beneficiarse mutuamente en su desarrollo vital. También es una relación de ayuda o apoyo mutuo que se establece entre dos personas o entidades, especialmente cuando trabajan o realizan algo en común.

Y así fue que desde el alemanismo la organización política de la sociedad mexicana (el Estado) se fue debilitando en aras del abuso y corrupción de las élites gobernantes. A la par, las fuerzas armadas también se fueron debilitando.

Lo que hoy tenemos es un Estado débil, es decir instituciones gubernamentales débiles. Y de todas, la más sensible a la debilidad tal vez sea el Ejército. Y no nos dábamos cuenta porque su protagonismo era marginal. Sólo sabíamos de su existencia en casos de desastres nacionales: el famoso Plan DN-III-E.


Las nuevas funciones del Ejército
Y en consecuencia, hay un gran escepticismo entre los analistas sobre el debate acerca de la función actual de las fuerzas armadas en México. Sin embargo el debate se impone porque el Ejército ha adquirido un gran protagonismo y grandes responsabilidades.

Y sus responsabilidades son inconmensurables en relación con las que tenía antes. En lo que va de este siglo, las fuerzas armadas poco a poco se fueron convirtiendo, si no en el principal protagonista del devenir político mexicano, sí el más difícil de conceptualizar.

Hoy más que nunca está muy claro que la seguridad (tanto interna como externa) de los mexicanos está en manos del Ejército. Además sus nuevas responsabilidades van desde la conformación de la Guardia Nacional, hasta la de garantizar la seguridad de más de 500 tanques o pipas para transportar gasolina.

Pasando por la construcción de un nuevo aeropuerto civil, continuar con el combate al narcotráfico, evitar la entrada y la salida de México de decenas de miles de migrantes centroamericanos, cubanos y africanos, y por si fuera poco, impedir el acceso de Uber a los aeropuertos de México.

Y así fue como a la vuelta de dos sexenios, el de Calderón y el de Peña Nieto, y lo que va del de AMLO, el Ejército se convirtió en una institución radicalmente distinta a la que tuvimos a lo largo del siglo XX. Visto así, no resulta nada extraño que sus nuevas responsabilidades creen expectativas que rebasan en mucho sus capacidades.


El mecanismo del chivo expiatorio
En la misma lógica, no debe sorprendernos que los operativos militares como el de Culiacán el pasado jueves 17 de octubre fracasen. Se trató de un operativo muy mal planeado, sin imaginación, que puso en evidencia la falta de experiencia de los soldados y de sus jefes.

En la mismísima cuna del narcotráfico mexicano, Culiacán Sinaloa, con muchos cabos sueltos, como el del papel de las autoridades locales y estatales y hasta el de las agencias norteamericanas como la DEA y la CIA; el operativo de captura del hijo del Chapo resultó, por decirlo con suavidad, improvisado.

Y lo que a todas luces debería ser estudiado y explicado cabalmente desde la óptica de la geopolítica, hoy resulta decepcionante, después de la exigencia de AMLO de responsabilizar a un solo jefe militar.

La explicación racional del fracaso en Culiacán, debería dar paso al  reconocimiento de las debilidades del Ejército abriendo un gran debate nacional, convirtiéndolas en áreas de oportunidad. En contrapartida, la decisión de utilizar el mecanismo del chivo expiatorio desvía la atención del verdadero problema.

En suma, la obstinación por cerrarse al reconocimiento de las debilidades de la organización política de la sociedad mexicana puede convertirse en el mayor obstáculo para las enormes tareas que se ha impuesto la 4 T del Presidente AMLO. Espero que sepa corregir a tiempo.

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