jueves, 9 de julio de 2015

El silencio que no calla Ley Mordaza: el despertar de la movilización

“La peor colonización es la mental”
Adolfo Pérez Esquivel, activista argentino

Por Mónica Vázquez Delgado
@MnicaVzquez2

Marcha 20 de noviembre de 2014. Foto Proceso
Marcha del Silencio. 1968
¡No que no, sí que sí, ya volvimos a salir!”, es una consigna que suena en la calle cuando el sonido de la sociedad retumba en los muros de cada edificio de México.
Recuerdo que un día antes de las elecciones en julio 2012, salimos a la calle más de 132 personas con veladora en mano porque ese era el mensaje: “velar por la democracia”. En los contingentes se dijo que no podíamos gritar ninguna consigna que mencionara un partido o candidato, porque estábamos en veda electoral, entonces las cartulinas y plumines escribieron: “mis sueños nos caben en tus urnas.”

A pesar de que nos silenciaron las palabras, marchamos de Tlatelolco a Televisa y luego al Zócalo, donde rompimos las “reglas” de la veda, corrimos y gritamos: “Ni un voto al PRI.”
Pero, me es imposible olvidar la marcha del 20 de noviembre de 2014, a pocos días de que se cumpliera un mes de la desaparición de 43 estudiantes normalistas rurales de Ayotzinapa, que desde el Palacio de Bellas Artes hasta el Zócalo, no dijimos ni una sola frase, con nuestras manos levantadas en forma de “V”, caminamos porque la impunidad arrebató el miedo y el silencio tenía un solo significado: hartazgo y que nadie iba ceder. Así fue el 13 de septiembre de 1968, cuando la Marcha del Silencio habló: “silencio no significa ceder, aquí nadie se rinde.”
España y la Ley Mordaza
El 1 de julio de este año, en España se aprobó la Ley Mordaza, la cual restringe, qué incongruente suena, la libertad.
El periódico El País publicó su nota donde expone algunos de los puntos que describe a esta ley, tales como: se otorgará infracción a quienes “perturben la seguridad ciudadana” en sedes del Congreso, el senado o parlamentos; se prohíbe el uso de cámaras en las movilizaciones, especialmente el retrato a policías; también los españoles ya no podrán manifestarse en monumentos o edificios sin autorización y otorga capacidad a la policía para multar a quienes  se nieguen a disolver reuniones o manifestaciones en lugares públicos.

Infografía por Nayeli Valencia
La aprobación de esta ley debe hacernos reflexionar que ante la ebullición de la protesta social, significa que la hegemonía y los poderes financieros no están siendo claros hacia el resto de la sociedad y encuentran estrategias para silenciar las consignas.
Veremos qué sucede con las manifestaciones españolas que están en contra de esta ley, porque la manifestación sigue siendo el ejemplo de presión junto con otras acciones coyunturales. 

México y el silencio
En muchas ocasiones, el silencio es una forma de protesta y en otras tantas, nuestro silencio se convierte en rehén de leyes que dicen estar en favor de la seguridad ciudadana, es decir, concepto que discursa entre las líneas del Estado. En pocas palabras, hasta el silencio nos quieren quitar.
Me es indiscutible pensar en que el seis de julio de 2015, Artículo 19 publicó su Primer Informe Semestral sobre la situación de la prensa mexicana. Lo tituló “Más violencia, más silencio”, en el cual documentaron 227 agresiones, incluidos los asesinatos de los periodistas Moisés Sánchez, Amando Saldaña, Juan Mendoza, Abel Bautista, Filadelfio Sánchez y Gerardo Nieto.
Asimismo, las entidades con mayor número de violencia hacia el gremio periodístico son Guerrero, Distrito Federal y Puebla. El informe concluye: “La impunidad es en  gran mayoría de los casos, la que permite que las agresiones continúen.”
El silencio es el disfraz del México “reformista.” O como lo explicó el periodista mexicano Jenaro Villamil, quien hace unos días presentó su libro La caída del Telepresidente y que la nota del portal AristeguiNoticias señala: “En este libro se describe puntualmente cómo sobrevino ese proceso de decadencia. El llamado Mexicanmoment, sobrevendido con la promesa de magnas reformas estructurales, pronto se evidenció como una farsa, y los propios medios extranjeros que al principio alabaron al joven presidente comenzaron a descubrirla: se encontraron con un país de narcofosas, de miles de desaparecidos, con la historia trágica de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, con una reforma energética que resultó inoperante ante la baja de los precios del petróleo y con la corrupción nada disimulada del primer círculo de colaboradores del ejecutivo.”

Portada Time (meme circulado en las redes sociales virtuales)
En abril 2014, Artículo 19, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez A.C., el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, Propuesta Cívica, entre otras organizaciones, presentaron el informe "Control del espacio público”,  que  reunió información respecto a la criminalización de la protesta como medida de “seguridad ciudadana”. Ya lo habían dicho presidentes pasados: “todo sea por el orden público”. Estrategia que conceptualiza el periodista Carlos Fazio como “enemigo interno”, es decir, cuando institucionalmente se construyen personajes que a través de los medios de comunicación se difunde mensajes de “peligro”, mismos que se usan de argumento para llevar a cabo ejecuciones o conflictos bélicos.
 Para este caso, las movilizaciones con mayor auge en 2012, significaron “peligro” para el sexenio priista, por lo cual, criminalizar la protesta y hacer ver a los “manifestantes” como anfitriones del “desorden público” fue la manera de empezar a legitimar y el inicio de legalizar la censura en la libre manifestación.
“La  protesta  es  un  elemento  integrador  y  esencial  del  orden  democrático. Como  núcleo esencial  de  la  democracia  opera como  una  garantía  de  derechos.  Es un  dispositivo  de protección y autotutela, entendida como un mecanismo de acción en el que los titulares de un derecho  emplean  vías  directas  para  su  exigencia  o defensa,  sobre  todo  ante  la ineficiencia de los mecanismos jurídicos existentes y la indiferencia gubernamental frente a un problema social. El derecho a la protesta social integra y emplea los derechos constitucionales  de  reunión,  manifestación  de  las ideas y  libre  expresión,  asociación  y petición, entre otros. De ahí su compleja naturaleza jurídica y su interacción: es un derecho compuesto  por otros  derechos  que  sirven  demedio para proteger, exigir y hacer vigente algún otro derecho o derechos”, señala el informe “Control del espacio público”.
Marcha #YoSoy132. Foto en CNN México
 Ley Mordaza: legalizar la criminalización de la protesta
México
Cuando Díaz Ordaz dijo en su informe presidencial que las movilizaciones estudiantiles estaban intentando desacreditar a México, sede de los Juegos Olímpicos, pronunció: “todo tiene un límite” y el dos de octubre de 1968 pensó que había establecido su “límite”, sin embargo, como expone el arquitecto mexicano Rubén Cantú Chapa en su libro Tlatelolco: la autoadministración en unidades habitacionales. Gestión urbana y planificación: “1968 marcó la decadencia de un régimen político y el principio de la ruptura de la sociedad civil con la sociedad política”; es quizá, a partir de esta fecha, que la protesta se vio como un camino hacia la defensa de las demandas sociales.
Sin embargo, las “leyes”, hasta la fecha, intentan ser argumento para mantener la calle en silencio.  En septiembre de 2013, la diputada panista Gabriela Andalón Becerra propuso establecer días y horarios para manifestarse en Jalisco, de igual forma, en Quintana Roo en 2014, se discutió una ley en donde se prohibió obligar a las autoridades a resolver alguna demanda, en caso donde la manifestación no fuera clara en cuanto a los asuntos por los que protestaban, además de sancionar cualquier ruido que atentara la tranquilidad en el espacio público.
Jordi Borga, sociólogo y maestro en Geografía Urbanista español, define al espacio público como “el lugar donde se evidencian los problemas de injusticia social, económica y política. Y su debilidad aumenta el miedo de unos y la marginación de los otros y la violencia urbana sufrida por todos.”
Las calles son el espacio de intercambio de ideas y sonidos de que la ciudadanía es política,  y social, porque  no sólo tiene que obedecer. Colocando el punto final a esta oración, me viene a la mente, el caso de Osorio Chong, secretario de gobernación, cuando sale al templete, “atiende” la demanda estudiantil de los politécnicos y que su acción fue descrita en redes sociales virtuales (Facebook, Twitter),no de elogio, sino de que era su obligación atender la protesta estudiantil.
Foto Animal Político
En el caso del Distrito Federal, en 2013, la Asamblea Legislativa, incrementó las penas para quienes se manifiesten, cometan delitos en propiedad pública y privada. Y en junio 2012, cuando la organización estudiantil estalló, se iniciaron brigadas, de las cuales se estableció en cada escuela  tener cuidado porque en el metro se empezaron a  detener compañeros.
Cuando se silencia el discurso oral, el escrito se presenta, anunciando que las calles son nuestras.
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 También, en San Luis Potosí, se propuso una ley donde se imponía que los manifestantes tenían que dar aviso sobre el motivo de la protesta, la fecha, hora y lugar donde se llevaría a cabo. En Sinaloa, por ejemplo, en agosto 2014, periodistas alzaron la voz en contra de la ley que proclamaba que las investigaciones periodísticas respecto a las instituciones gubernamentales, se basarían únicamente por boletines y eso dependía de la Unidad de Acceso a la Información Pública y se prohibía la toma de audio o video relacionada en temas de seguridad pública. El 21 de agosto de 2014, la ley fue derogada.
El término de transparencia también habría que entenderlo, porque en mayo 2015, cuando Peña Nieto promulgó la Ley de Transparencia y que dentro de sus puntos, son que el Estado Mayor Presidencial, la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), el Centro de Investigación  y Seguridad Nacional (CISEN) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones, no podrán transparentar su información, hasta que se discuta la petición. No hay mejor resumen que el deRayuela de La Jornada en ese mes (mayo 2014): “Los lentes de la transparencia están muy opacos.”
Durante el contexto de iniciativas de leyes que intentaban controlar las manifestaciones, el portal Revolución 3.0 publicó el reportaje “Balas en Puebla, garrote en Chiapas y Ley Mordaza en Sinaloa: represión y muerte”, donde se menciona que en Puebla la ley que regulaba el uso de fuerza, ocasionó la muerte de José Tehuatlie, menos de 13 años. El gobernador Moreno Valle derogó la ley.
En ese mismo año, en Chiapas también se aprobó el “Código para el Uso Legítimo de la Fuerza por las Instituciones de Seguridad Pública”, en el cual, en su artículo ocho permite la utilización de armas de fuego o letales.
Leyes que originan el miedo, el pánico, la desmovilización y la falacia informativa. Calles que no callan. Silencios que protestan.

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