Por Alejandro Mario Fonseca
A usted ¿lo han estafado alguna vez?
A mí sí, ya van muchas. Me estafan cuando me engañan diciéndome “nos vemos a
las tres en punto” y llegan a las tres y media como si nada o no llegan. El
problema es que yo soy puntual, así me educaron: y claro me enojo mucho, me
siento engañado.
También me han estafado muchas veces
carpinteros, fontaneros, mecánicos, albañiles y un largo etcétera, que me
engañan en cuanto a la calidad del servicio convenido, y sobre todo en cuanto
al tiempo de su ejecución.
Pero también me han estafado
supuestos amigos que me piden algún favor, o algún préstamo, y quedan mal con
la fecha de pago, o todavía peor, nunca me pagan. Bueno, no es consuelo, pero
tengo un amigo al que le ha ido peor, pregúntenle a Don Octavio Rodríguez
Figueroa.
Estos son ejemplos de estafas
chiquitas o minúsculas si usted quiere, porque hay otras más severas, por
ejemplo las de los médicos especialistas, de las que le contaba en mí último
artículo: cuando a los estresados nos doran la píldora y nos “exprimen como a
naranjas dulces”, como dice Lydia Cacho.
Bueno, pero antes de pasar a las
grandes estafas, aquellas que cuestan miles de millones de pesos y que afectan
a miles de personas y hasta millones, veamos en detalle qué es una estafa.
Vayamos a las enciclopedias.
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| La gran estafa: La reforma energética |
