Alejandro Mario Fonseca
Investigando sobre los “cambios
profundos” en el sistema político mexicano, que trajo la democracia, encontré
en el blog del politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez:
En un
famoso discurso pronunciado el 21 de septiembre de 1827, José María
Luis Mora bautizó con el nombre de empleomanía, el furor con el que el nuevo
Estado se disponía a crear y a multiplicar los puestos públicos.
Frente a la
tradición colonial que reservaba la administración a una casta de
privilegiados, los gobiernos del país recientemente independizado se dedicaron
a inventar cargos y aumentar dependientes.
El Estado no
se dirigía a procurar beneficios colectivos, a asegurar la ley o a proveer educación
para los ciudadanos. Su propósito era otro: dar trabajo.
El régimen
colonial reservaba los privilegios a sus cortesanos: ahí estaba en exclusiva el
poder y el influjo. Los primeros gobiernos independientes pensaron que, para
constituir la igualdad, había que multiplicar los cargos públicos.
Silva Herzog nos recuerda uno de los
grandes males de nuestra historia política, desde el momento mismo de la
Independencia: el abuso de poder y la corrupción “legal”.
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