Alejandro Mario Fonseca
Encuentro por lo menos dos versiones
de la historia reciente de los Estados Unidos, si la del imperio capitalista.
Una liberal y ecologista, aparentemente apologética, la de Jeremy Rifkin; y la
otra crítica y radical, que aun cuando raya en el extremismo, no deja de ser
objetiva y valiosa, la de Naomi Klein.
Mi interés es el de contribuir a la
comprensión del fenómeno Trump y su desenlace. Algunos amigos me critican
haciéndome ver que lo que está sucediendo en nuestro país merece especial
atención, porque “estamos a punto de vivir el final, el desenlace de una
comedia tragicómica”. ¡Ojalá!
Y si, tienen razón, pero la verdad es
que ya me aburren los discursos fantásticos de Peña Nieto, las arengas
hipócritas de Ricardo Anaya, las peroratas huecas de Alejandra Barrales; valla
hasta los discursos triunfalistas egocéntricos y reiterativos de López Obrador
me dan sueño.
También me da flojera escribir sobre
los responsables de los “socavones”, las trapacerías de los gobernadores; de
los abusos, despilfarro e impunidad de directivos, secretarios, diputados,
líderes sindicales, y demás “ilustres” miembros de la clase política que nos
mal gobiernan.
Así que discúlpeme usted amable
lector. Paso al tema de la crisis del imperio. Los últimos 50 años de la
historia estadounidense pueden ser vistos desde dos ópticas.
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Naomi Klein
y el socialismo democrático
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