Por José Luís Hernández
Jiménez
En la forma, la nueva distribución del poder político en
México, se parece a la que había en el pasado reciente, cuando nos mal
gobernaba un “Partido de Estado”.
Dicho Partido se denominaba PRI (Partido Revolucionario
Institucional; aún se llama así, pero desde hace lustros dejó de ser Partido de
Estado), era todopoderoso, muchos le apodaban “la aplanadora” y en los comicios
ganaba el “carro completo”. O casi. Y
estaba comandado por un Presidente, que todo lo podía, pues su palabra era la ley,
y todo lo sabía, como un Tlatoani o un cuasi dios.
Dicho ente tenia amplia mayoría en las Cámaras federales, la
de Senadores y la de Diputados, y dominaba la mayoría del poder político en las
entidades federativas, pues casi todos los gobernadores y Congresos locales
eran como de su propiedad, incluso la capital de la República era administrada
por 17 subordinados suyos, 16 de ellos se llamaban “Delegados” y al coordinador
le decían “Regente”.
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