Alejandro Mario Fonseca
Todos tenemos grabados en nuestro
disco duro, en nuestra memoria, algunos sueños o hasta pesadillas que nos
marcaron para toda la vida. Yo tengo varios.
La pesadilla más angustiosa de todas
es la que tuve en mi primera juventud, por allá a mediados de los años 60,
tendría unos 15 años cuándo soñé una bruja que me atacaba.
Dormía plácidamente en un cuarto
ubicado en la azotea de un edificio de 22 pisos (como las torres de
Tlatelolco). Y las paredes del cuarto eran transparentes: desde allí observaba
las estrellas y las luces de la ciudad de México (todavía no sentaba sus reales
el smog).
Y de repente llegaba una bruja
montada en su escoba que me atacaba. Y las paredes, además de transparentes,
eran elásticas, así que la punta de la escoba de la bruja me golpeaba sin
romper la pared.
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| Bruja |
