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viernes, 18 de septiembre de 2015

Tejido social, los sismos de 1985 y Tlatelolco

Por Antonio Fonseca

El tejido social  es lo que construimos como individuos formando grupos sociales tiene como principales células la familia (lazos afectivos, educación en valores), la escuela (instrucción y socialización), los vecinos (comunidad y cultura) la fortaleza del tejido social es sinónimo de igualdad, equidad, colaboración, solidaridad, sustentabilidad y respeto.

Alumnos de teatro en el Antonio Caso con su maestro (al centro con un cuadro) Guillermo Sandría que entonces vivía en el edificio Queretaro.
En 1973 el Psiquiatra Miguel Ángel Pérez Toledo vecino del edificio José María Chávez decía: “Falta espacio vital en Tlatelolco” recuerdo que en aquellos años se mencionaba que Tlatelolco tenía entre 80 y 100 mil habitantes1. Se señalaba este número como de muy alta densidad para un kilometro cuadrado.

domingo, 30 de agosto de 2015

Editorial 93. julio 2015. Desde el corazón de la Delegación Cuauhtémoc

Expectaculares en Veracruz y Coahuila: ¿Contaminación visual? o ¿Haciendo negocio con las áreas comunes?
A 12 años de que nació esta publicación  una pregunta que surge a manera de reflexión debemos hacernos  ¿porque surgió? ¿Realmente es necesaria? ¿Qué buscamos con ella? Quizá podríamos hacernos más preguntas para entender su objetivo, su misión o visión.
En julio del 2003 a mediados del gobierno del presidente Fox y de la jefatura del gobierno del D.F. de López Obrador hubo una abstención en la elecciones de esos días de alrededor de 70% sin contar los votos nulos.

lunes, 28 de abril de 2014

En búsqueda de la ciudad del siglo XXI

Aurelio Cuevas (Sociólogo)

El libro ¿Hacia una ciudadanía urbana? La ciudad y la igualdad de oportunidades, de Jacques Donzelot (Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 2012, 63 pág.), aborda cómo afrontar los problemas de integración social que agobian a las metrópolis actuales haciendo propuestas impulsoras de las capacidades de acción individual y colectiva a escala local.

La tesis central de la obra es que la ruptura del tejido social habida en las grandes urbes del planeta desde fines del siglo XX, plasmada en el crecimiento del desempleo, la pobreza y la inseguridad pública, y otros males similares, evidenció un agotamiento del “Estado social”. Este último -durante la segunda mitad del siglo anterior- reguló las relaciones entre empresarios y trabajadores a través de la promoción de “urbanizaciones sociales” destinadas a los segundos para que accedieran a una mejor calidad de vida.

El autor destaca que la “vivienda social” en Francia y otros países europeos proliferó en las zonas aledañas de las grandes ciudades, lo cual se acompañó de la expansión de redes de comunicación del centro a los “suburbios”; se facilitó así el acceso a estos últimos de las clases bajas y medias asalariadas cuyo interés era contar con un techo propio. Sin embargo, con el paso del tiempo se hizo palpable que quienes poblaban las “urbanizaciones sociales” no sentían cariño o identificación hacia su entorno, factor que generó un deterioro o abandono de los espacios públicos: plazas, calles y comercios.