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"Siempre vivirán todos en nuestro recuerdo"
Foto del Diario Excelsior |
Por Gloria Elizabeth Amador Bautista
Para mí el terremoto de 1985 fue un antes y un después. Yo era una
jovencilla en los quince’s y me dedicaba a estudiar. Los temblores no eran algo
nuevo para mí pues en mi infancia los viví muchas veces, sin embargo, éste fue
completamente distinto, inusual. No tenía precedentes, era impresionante la
fuerza del movimiento, yo no podía mantenerme en pie, mi mamá tampoco. Los
azulejos caían uno a uno y se escuchaban como vidrios que junto con lo que se
desquebrajaba en el interior de los ductos, golpeaban con un sonido
estruendoso que penetraba en los oídos.
Como sucede en situaciones como ésta, el tiempo parece correr lento.
Parecía interminable, cada segundo largo, yo pensaba que no la librábamos, mi
mamá y yo llorábamos muy asustadas, yo decía que se caería el edificio y
moriríamos.
Cuando dejó de moverse el edificio un poco, ya había pasado el temblor,
me asomé por la ventana y me impresionó mucho ver como se desbordaba el agua de
la alberca del Cinco de Mayo. Del otro lado, una señora corría desesperada por
el estacionamiento del edificio Arteaga por completo fuera de sí, se caía y se
levantaba, gritaba con fuerza agarrándose las mejillas, era una escena muy
desgarradora, al salir nos enteramos que se había caído el edificio Nuevo León
y que su hija y tres nietos estaban bajo los escombros. Sólo se salvaron 2
nietos de esa pobre mujer, una sobreviviente y otra que no se encontraba ahí.