Una mirada de la cárcel de indios a la prisión de Santiago
Miguel Angel Márez Tapia*
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| Panorámica de la Prisión de Santiago Tlatelolco, 1951 Foto: Archivo Histórico de Fundación ICA |
Las prisiones son muchas cosas al mismo tiempo: “instituciones que representan el poder y la autoridad del Estado; arenas de conflicto, negociación y resistencia; espacios para la creación de forma subalternas de socialización y cultura; poderosos símbolos de modernidad (o de la ausencia de ella); artefactos culturales que representan las contradicciones y tensiones que afectan a las sociedades; empresas económicas que buscan manufacturar tanto bienes de consumo como eficientes trabajadores; centros para la producción de distintos tipos de conocimiento sobre las clases populares y, finalmente, espacios donde amplios segmentos de la población vive parte de sus vidas, forman su visión del mundo y entran en negociaciones e interacciones con otros individuos y con autoridades del Estado”1.
Tlatelolco y los instrumentos de reclusión se remontan a tiempos remotos. “En la época prehispánica, las cárceles eras rígidas. Existía el piloyan que fue conocido como el lugar de presos o atados, destinado a quienes cometían faltas de carácter civil; además, el quauhcalco o lugar de enjaulados, para quienes estaban condenados a muerte. Asimismo, el petlalco, sitio de aprovisionamiento o alhóndiga, era el lugar de reclusión para los que delinquían en asuntos poco graves. Por el contrario, para aquellos delitos graves, que merecían la pena de muerte, se encerraba a los criminales en jaulas estrechas y oscuras. De igual forma, había reclusión o encarcelamiento simbólico para los delitos insignificantes: se ponía un madero grueso enfrente del prisionero, y no se le permitía rebasarlo hasta cumplir su sentencia”2.
La historiadora Valeria Sánchez Michel mencionó que las principales cárceles en la ciudad de México durante la Nueva España, eran la Real Cárcel de Corte, que se ubicaba en lo que hoy es el Palacio Nacional, donde se encontraban los reos que habían sido sentenciados para ir a las galeras; la Cárcel de la Ciudad, que resguardaba a los que estaban sentenciados a trabajar en obras públicas, como desazolvar las acequias y reparar los empedrados, así como la cárcel de indios en Santiago Tlatelolco 3.



