lunes, 16 de abril de 2018

Óptica Ciudadana: UN CALVARIO

Por José Luis Hernández- Jiménez
En estos tiempos, no solo en Semana Santa, la inseguridad se ha vuelto un verdadero calvario para quienes habitamos en la Ciudad de México o, creo, en todo el país, porque… . Les platico: 
Cuando, previo a la Presentación de mi libro, el profesor Manuel Larrosa,  politólogo de la UAM-I, empezó a narrar el dramático asalto del que fue objeto, empecé a recordar lo que me había sucedido días antes:
En San Pablo de las Salinas, en Tultitlán de Mariano Escobedo, al norte de la capital, a las 12 horas del martes 6 de febrero del 2018, me atreví a pegar un cartel en el que difundía la venta de un departamento, en el poste de luz más cercano a la entrada de la Unidad Habitacional. Pero al estar colocándolo, escuché una imperativa voz: “está usted detenido”. Al momento creí que se trataba de una broma de algún conocido, pero no. Era un policía afianzando su pistola al cinto, con su mano derecha. “¿No sabe que está prohibido pegar propaganda?”, dijo otra voz a mi espalda. Era otro policía.
Estacionado a un lado, yacía un vehículo negro, era una patrulla del municipio.

Foto: El Dìa de Tultitlàn
Ambos, con una amabilidad que sentí fingida, tomáronme de los brazos, empujándome hacia su vehículo; abrieron la puerta de atrás. Amablemente, insisto, siguieron empujando hasta que quedé dentro. Cerraron, subieron también y advirtieron: “Esto le va a salir muy caro”. ¿Por qué?, dije.  “¡Porque está prohibido pegar carteles!”, casi gritó el copiloto. Les repliqué que todas las paredes y muros de la zona estaban llenas de carteles. Uno de ellos, aclaró “es porque tienen permiso”.
“Los que no tienen permiso deben pagar 3600 pesos de multa o purgar una pena de 36 horas de arresto”, subrayó el  chofer. Mientras el vehículo avanzaba por esas calles, les hacía notar que había carteles pegados por todas partes y ¿todos esos tienen permiso?, pregunté.  “¡Sí, todos!”. ¿Y a quién se le pide permiso? “¡Al Ayuntamiento!”
Luego de recorrer por varios minuitos varias calles de esa zona del Estado de México, la patrulla ingresó al estacionamiento del juzgado calificador. Bajó el copiloto y se dirigió a la oficina. En tanto, un extraño diálogo se desarrolló entre el chofer de la patrulla y un servidor: “Entonces qué jefe, ¿cómo nos arreglamos?”, me dijo.  “Pues, ustedes me regañan  y me dejan ir, luego voy a pedir el permiso correspondiente,  y no le digo a nadie”, contesté. “Es que el Bando Municipal es muy claro mire...”, y me mostró el cuadernillo. “Pero me es difícil creer que los dueños de todos esos carteles que por doquier están, hayan pedido permiso. ”Usted puede creer lo que quiera, díjome alzando la voz, y tiene derecho a hacer una llamada para que localice a su abogado o persona de su confianza, y que vengan a ayudarlo”.
“Pues como vengo de lejos (Iztapalapa), mejor me quedo las 36 horas, y luego los acuso”. Volteó a verme y preguntó: “¿De qué nos va a acusar?” “De abuso de autoridad, porque nada pegué, apenas iba a empezar y ustedes se aparecieron, por eso nadie los quiere”. “Mi familia sí me quiere….”, “porque no lo conocen, pero ahora que lo vean en el periódico….” “¿Qué, usted es periodista o qué?” ….En eso regresó el policía copiloto, y dijo: “No está la licenciada y ¿qué pasó, ya se pusieron de acuerdo?”. Algo murmuraron entre ellos y el recién llegado volteó para preguntarme:” ¿Y sus carteles que anuncian?”, “Pues ahí los tiene, los puede leer”, le respondí.
“¡Ah, vende su departamento! Fíjese que tengo una conocida  que trabaja en esto de la venta de inmuebles, le voy a dar un cartelito de estos. Tenga sus carteles”. “Gracias, le dije, pero faltan los 200 pesos que iban pegados”. “Ah, esos son para los refrescos”, me respondió. “Pero ahora no tengo para comer ni para regresarme”. Rápido me contestó: “No se preocupe, ahorita lo llevamos hasta la avenida principal y ahí un colectivo lo lleva hasta Indios Verdes. Y para otra vez jefe, cuando venga a pegar sus carteles, nos busca, nos da para los refrescos, le damos una contraseña y pega sus papeles”. Entonces ¿ya no pido permiso al Ayuntamiento? “No. Nos busca, nos ponemos de acuerdo  y le damos su permiso”.
Llegamos a la avenida transitada, y amables me indicaron qué transporte abordar y….
Dos semanas después, volví al sitio con la intensión de mostrar el departamento a, al parecer, la conocida de aquel policía. Alguien me llama por teléfono, contesto, cuelgo y…en ese instante, algunas calles antes de que el colectivo arribara a la esquina  en la que se halla la unidad habitacional, un joven pasajero lo aborda y empuñando una pistola escuadra, apuntándonos con ella, grita, para la sorpresa y el susto de los doce pasajeros: “¡bájale chofer, que le bajes cabrón, voy a asaltar a tu pasaje! ¡A ver cabrones, sus celulares, todos sus celulares!” Para colmo, todos llevan sus teléfonos a la vista, pues lo estaban utilizando. Hasta yo, que no acostumbro hacerlo.
En cuestión de segundos, todos entregan sus aparatos al ladrón. Cuando éste mira el mío… ¡no lo coge! Me mira con lástima, pero me arrebata un billete de 50 pesos que llevaba en la otra mano. Se baja no sin amenazarnos de nuevo y corre… hacia el colectivo que viene detrás. Todos vemos que le hace la parada y… “¡Hay que llamar a la policía!”, grita una de las pasajeras. “¿Y con qué?”, dice otra. Una señora nada dice pero por sus mejillas corren lágrimas. Otra me dice, “no se preocupe, yo le pago su pasaje. Hay que ayudarnos ¿no creen? Uno de los jóvenes asaltados, pide bajar y corre para reportar el hecho pues, nos dice, acababa de estrenar su aparato que le costó….  ¡20 mil pesos! “¡Pero así le ha de ir al maldecido!”, grita una señora mayor. Entre nosotros reina el puro desconcierto.
Una señora me pregunta ¿y el ratero por qué no quiso el suyo? Les muestro mi celular y….” ¡Ah, con razón, estos roban caro!” (Mi celular es un “clásico” Nokia, solo opera como teléfono y me costó 70 pesos; además es la segunda ocasión que algún ratero “desprecia” mi aparato. ¡Qué humillación!).
Todo esto recordaba, el pasado 22 de marzo, en el auditorio de la UAM-I en el que estaba por Presentar mi libro, y el Profesor Manuel Larrosa, aún pálido y desencajado, narraba que tres semanas atrás, pero por el rumbo de esa universidad, o sea en Iztapalapa, había sido asaltado, con más violencia que en mi caso (que ya parezco cliente de la delincuencia) cuando iba en su propio vehículo, rumbo a dicha escuela.
Por eso, insisto, estimados cuatro o cinco lectores, que la inseguridad, de todos los niveles y grados, es como un calvario permanente en todas partes y no solo en Semana Santa. ¿O ustedes cómo ven la situación? 
Notitas: Una.- Que la entrevista que, sobre mi libro, “Cuando correteábamos utiopias”, me hicieron mis cuates del periódico “La Crónica de hoy”, fue publicada el martes 27 de marzo. Gracias. Dos.- Que como el jueves 5 de abril, se cumplen 21 años del fallecimiento del Ingeniero Heberto Castillo Martínez, líder verdadero de luchadores sociales que con ética y congruencia de por medio, pugnaron y pugnan aún los sobrevivientes, por un México mejor, en dicha fecha digo, algunos de sus “alumnos”, le rendiremos un homenaje. Será en donde está uno de sus bustos, en el jardín Aguascalientes, sobre la avenida Eduardo Molina (Eje 3 oriente), frente a la entrada  del Archivo General de la Nación (inmueble que antes fuera sede del penal de Lecumberri), en la CDMX. La  cita es a las 16 horas. Y las estaciones del Metro más cercanas son “Morelos” y “San Lázaro”. Por si gustan acudir. Tres.- Que, por cierto, sobre el mismo tema, personas amables me entrevistaron para un programa televisivo por Internet, de Laura Itzel Castillo (ver su página de Facebook) el cual se proyecta ese mismo jueves 5, pero a las 18 horas, Igual, por si gustan verlo. Cuatro.- Que, como se reclamaba desde las luchas izquierdistas de los años sesentas, setentas y ochentas, yo voto porque ya, de inmediato, saquen de la CDMX, el Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” pues, por el riesgo que representa, es una bomba de tiempo, un foco de contaminación permanente y la causa de la sordera de miles de capitalinos que habitan en su entorno. Cinco.- Que si gustan leer algo bueno, sugiéroles “De Espartaco al Ché y de Nerón a Nixon, lecturas de historia universal”, Editorial Pueblo Nuevo. Digo, ahora que, el 30 de marzo inician formalmente las campañas electorales, bien harían los cuatro candidotes, en leer textos como el citado, ya que les ayudaría y nos ayudaría  a todos, para llegar a tener algún día, representantes cultos. Seis.-  Que si hacen ejercicio diario, mis estimados y estimadas, se van a poner jóvenes (as) y bellos (as). He dicho.          
Correo E    hernandez-jimenez2012@hotmail.com    
México, CdMx, a 28 de marzo del 2018. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario