lunes, 23 de marzo de 2020

Días de guardar

Alejandro Mario Fonseca
Apocalipsis now es una película bélica dirigida y producida por Francis Ford Coppola en 1979. El guion está basado en El corazón de las tinieblas, una novela breve de Joseph Conrad ambientada en el África de finales del siglo XIX, aunque trasladando la acción a la Guerra de Vietnam.

​La película ganó dos Óscar, a la mejor fotografía y al mejor sonido, y obtuvo seis candidaturas, al mejor director, a la mejor película, al mejor actor de reparto (Robert Duvall), al mejor guion adaptado, a la mejor dirección artística y al mejor montaje. También fue merecedora de la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1979.

En 2001, Coppola presentó, también en el Festival de Cannes, un nuevo montaje de la película, ampliada hasta las tres horas y media de duración, con el nombre de Apocalypse Now Redux.

Le cuento todo esto, porque fue en esta segunda versión, que conseguí en la Librería Gandhi, en la que me di cuenta del trasfondo económico de la guerra de Vietnam.

Fueron los mismos norteamericanos los que financiaron a los grupos comunistas, para que sacaran a los franceses que explotaban las plantaciones de caucho de la zona. Esa fue la verdadera razón, el origen de la Guerra de Vietnam.
Días de guardar

La Guerra de Vietnam fue un verdadero Apocalipsis que Coppola retrata muy bien, no le cuento más, véala y disfrútela, me va agradecer la recomendación. Dicho esto, entro al tema de este artículo: la creencia de mucha gente en que los desastres naturales que vivimos responden a un castigo divino.


Un chisme apocalíptico
No son pocos los católicos y cristianos que interpretan el Apocalipsis de San Juan erróneamente, como el final del género humano por sus pecados. Sin embargo muchos lo interpretan a la inversa, como la salvación final.
En realidad, su mensaje es positivo, quienes sirven a Dios no tienen por qué tenerle miedo. Aunque muchas personas relacionan la palabra apocalipsis con un gran cataclismo, este libro dice —tanto al principio como al final— que quienes lo lean, lo comprendan y actúen en conformidad con él serán felices (Revelación 1:3; 22:7).

Pero ya me estoy yendo por las ramas y lo que quiero es desmentir el chisme apocalíptico que anda circulando por las redes de Internet, en el sentido de que el corona virus es un invento diabólico de empresas farmacéuticas gringas (al servicio de Trump) para frenar en seco el ascenso de China como líder económico mundial.

 Pero a ver, el chisme que acabo de contarle no es menor. Y es que cuando suceden tragedias, desastres, la gente recurre a la “seguridad”  de la ignorancia, la de las creencias populares (chismes). Parafraseando al filósofo español Ortega y Gasset, las ideas son como los sismos, las creencias son tierra firme.

Entre los expertos, analistas y demás comentaristas, el tema del último mes es el del  inminente desastre económico mundial debido a la cuarentena que el combate al corona virus impone. Pero ojo, se trata de la consecuencia de un fenómeno natural, que de ninguna manera fue inducido por la maldad satánica del fanfarrón Trump.

Es más, el peor error político de Donald Trump muy probablemente sea el de no haber tomado en serio al corona virus cuando ya había devastado China y sentado sus reales en Europa, ya lo veremos.


El virus de la corrupción
Recordemos que aquí en México tras el sismo de septiembre de 2017 que causó una gran devastación urbana, el historiador Lorenzo Meyer basándose en uno de sus colegas, el Dr. Sergio Puente, puso el acento en la corrupción. Sí, la corrupción ese maldito virus que lo penetra todo en nuestro país. Sus argumentos son claros,  concisos.

Y es que los asentamientos prehispánicos se dieron con toda naturalidad en las zonas lacustres; y las ciudades coloniales que construyeron los españoles sobre estos en los siglos XVI, XVII Y XVIII, a pesar de contar con la arquitectura más avanzada de  la época, hoy se vieron seriamente dañados.

El problema era técnico: no se contaba como hoy con el conocimiento geológico detallado del valle central de México. La ciencia y la tecnología modernas han avanzado mucho y los sismos del 85 ya habían demostrado que se requerían normas más estrictas para las construcciones.

No todos cumplieron y parecía que vendrían los ajustes de cuentas con los responsables de las edificaciones nuevas que se vinieron abajo en el 2017 por no contar con los nuevos requisitos legales. Nunca sucedió, el presidente era todavía Enrique Peña Nieto.
Pero regresando al tema ¿qué clase de corrupción hay atrás del desastre económico inminente que el corona virus ya está imponiendo? Pues la corrupción del oportunismo, la del chisme, la de aquellos que nunca pierden: la del poder financiero y sus aliados.

A río revuelto, ganancia de pescadores es un refrán popular que se refiere a aquellas personas que suelen sacar provecho de las situaciones de caos o desorden.


A río revuelto ganancia de pescadores
El refrán, en este sentido, hace referencia a una situación real: cuando las aguas de un río se encuentran revueltas es cuando más pesca se puede sacar. Así, traza un paralelismo con los momentos de confusión, cambios o desavenencias, de los cuales hay personas que tienden a aprovecharse.

La frase puede interpretarse, por un lado, como una advertencia sobre las personas oportunistas que sacan beneficios de los males ajenos. Desde otro ángulo más positivo, el refrán también puede verse como un dicho que muestra que en toda situación adversa siempre existe alguna oportunidad de provecho.

En éste último sentido, lo que yo propongo es que no entremos en pánico (que es lo que le interesa al poder financiero) y que no nos dejemos engañar por falsos agoreros: conservemos la calma y aprovechemos la ocasión como una oportunidad para la convivencia familiar y la austeridad.

Infórmese bien de lo que sucede, la Secretaría de Salud, a pesar de la mala reputación que le sembraron los damnificados de la 4 T de AMLO y sus aliados, con el tema de la escasez de medicamentos, cuenta con directivos honrados que están siguiendo los protocolos adecuados y en coordinación con la OMS.

Insisto, no hay que entrar en pánico y aprovechar estos días para la sana convivencia familiar, son días de guardar. El título deriva de la cosmovisión mexica, según la cual, existen días de guardar a los que se atribuyen los malos presagios y las calamidades. Días de guardar, dedicado a Fernando Benítez, también es el primer libro de crónicas de Carlos Monsiváis, aproveche el tiempo para leerlo.

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