martes, 24 de marzo de 2020

¿Quién tiene la culpa?

Alejandro Mario Fonseca
Seguramente usted como yo se ha preguntado por qué el coronavirus le está pegando tan fuerte a los italianos. Me puse a investigar y me encontré con un artículo de Julio Algañaraz publicado en la red de Internet (clarín.com; 10/3/2020). Y dice lo siguiente:

¿Como se explica que Italia sea el país más contaminado por el coronavirus en Europa, que en pocos días más llegará a diez mil contagiados y a mil muertos por la rápida velocidad de expansión de la epidemia? La respuesta es muy difícil porque no hay ningún dato característico que justifique este primado, pese a que los científicos han elaborado planos y curvas de todo tipo para trazar la evolución de la peste que viene de China.

La primera incógnita es el escenario del brote. Italia tiene un norte próspero con un nivel de vida que se compara con Alemania. Y un sur con todos los males del subdesarrollo. Sin embargo repentinamente la epidemia estalló en el corazón productivo italiano, donde se encuentra la gran metrópoli que muchos consideran la capital moral del país: Milán, capital de Lombardía, la región más grande y rica de la itálica península, con los más altos niveles culturales y económicos, el mejor sistema sanitario.

Son las hipótesis contingentes las que brindan explicaciones de lo que está ocurriendo. La primera es que el coronavirus había llegado en enero, no se sabe cómo al sur de Lombardía, en la provincia de Lodi y nadie lo detectó. No se conoce hasta hoy el llamado Paciente Cero que los estudiosos consideran esencial para seguir el origen y desarrollo de una epidemia.
Evoluciona la epidemia de Coronavirus.

Una bomba viral en una zona de adultos mayores
Se conoce, eso sí, al Paciente Uno: Matti. Es un manager de la compañía Unilever, de 38 años, deportista, casado con una “ragazza” que está por tener su primer hijo y que también ha sido contagiada.

Matti se sintió enfermo y fue al hospital de Codogno, que visitó dos días contagiando a todos los que visitaban el sector de Primeros Auxilios, hasta que le decretaron una pulmonía. Después sospecharon algo más y descubrieron que era portador del coronavirus. Pero era tarde: el hospital de Codogno, provincia de Lodi, sur de Lombardía, se había convertido en una bomba.

Desde allí partió la contaminación a la carrera. El 21 de febrero se registraron tres casos. A partir de entonces la epidemia se desparramó por la región, pero también alcanzó la frontera sur con la Emilia Romana y al Este la región del Véneto. Ambas se convirtieron en los focos secundarios de la emisión del contagio hasta hoy.

Un sistema muy bueno de hospitales sustenta el Sistema Sanitario Nacional, que en las regiones del norte alcanza buenos niveles de eficacia. Pero la embestida de la epidemia ha hecho trastabillar la sanidad pública italiana y ha obligado a la sanidad privada a ofrecer su colaboración.

Muy bien, ya vamos entendiendo, sin embargo hace falta un dato muy importante y ese lo encontré en una entrevista que le hacen al Dr. Alfredo Miroli en el sitio primerplano.com. En la cual nos explica la clave del fenómeno: el norte de Italia además de ser una de las zonas más industrializadas de Europa, está también poblada por ancianos; es un lugar donde la tasa de adultos mayores de 80 años es de las más altas del mundo.


Calma disciplina e información
El Dr. Miroli explica con sencillez el fenómeno del corona virus y lo más importante, nos tranquiliza. En México nos urge la calma ya que además del escándalo mundial aquí los agoreros de la mafia, todavía en el poder, incrementan el pánico popular.

Muchos caen en la trampa, pero también muchos otros entran de lleno en la negación y se auto consuelan convenciéndose a sí mismos de que no pasa nada, de que todo es “un invento, una cortina de humo para que los poderosos, ahora de Morena, sigan abusando”.

Le recomiendo además que vea el programa Los virus de hoy y siempre, una entrevista con Antonio Lazcano de la Revista de la Universidad que difundió TV UNAM, lo puede ver en youtube.com.

El Dr. Lazcano es contundente. En un lenguaje accesible nos explica que en efecto sí hay culpables; y sorpréndase usted: somos todos. Los virus al igual que todos los seres vivos estamos en continua adaptación, evolución; en mayor o menor medida todos somos mutantes: buscamos sobrevivir a las adversidades.

Entonces, ante la crisis ambiental y el cambio climático, es decir ante la destrucción de múltiples hábitats naturales, los virus desarrollan la capacidad de saltar de sus hospederos habituales, a otros: por ejemplo, de los pollos, los cerdos y los murciélagos, a los humanos.

Así que los responsables somos todos por no tomarnos en serio el desastre ambiental; pero lo son todavía más los fascistas como Donald Trump que poderosos y a contracorriente siguen en la negación total trabajando para las empresas de la muerte: financieras, petroquímicas, armamentistas, inmobiliarias y demás.


¿Qué hacer?
Los virus de hoy y siempre se irán comportando cada vez más agresivos y lo que todos tenemos que hacer es, en principio conservar la calma, informarnos bien y seguir los protocolos que marca la Organización Mundial de la Salud.

Los seres humanos somos muy chismosos, o comunicativos, para decirlo con suavidad; también somos supersticiosos. El problema es que la gente ignorante lo es todavía más y cae fácilmente en la trampa de los oportunistas.

Debemos aprovechar la contingencia para corregir esas actitudes perniciosas y cambiar hacia una convivencia más armoniosa. Primero en familia, luego con los amigos y vecinos; y finalmente tratar de influir en nuestras comunidades. Es difícil, pero hay que hacerlo.

También debemos aprovechar el tiempo para realizar actividades culturales en casa. Ya los medios electrónicos nos permiten el acceso a una amplia gama de actividades.

Por ejemplo los museos más importantes del mundo, incluido México, están abriendo páginas gratuitas en las que podemos visitarlos virtualmente y con información de expertos: tenemos la oportunidad de entender el arte y disfrutarlo.

También podemos leer, hay que perderle el miedo a los libros. O si usted prefiere vea buen cine desde casa: las mejores películas de arte están gratis en Internet.

Y lo más importante, alejémonos de la herencia judo cristiana de seguir buscando a quien culpar, asumamos nuestra responsabilidad y con humildad empecemos a colaborar con el cuidado del medio ambiente, desde nuestros hogares y comunidades podemos hacer mucho.

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