jueves, 7 de marzo de 2013

La historia trágica de la iglesia de Santiago Tlatelolco

La destrucción y abandono comenzó en 1770
 Miguel Angel Márez Tapia*


Fresco de San Cristóbal en Iglesia de Santiago
Para introducirnos con el relato de la tragedia iniciemos con una pregunta, alguna vez se ha cuestionado: ¿Por qué la iglesia de Santiago Tlatelolco no figura como uno de los principales recintos religiosos de la ciudad? Pocos recintos cuentan con la importancia de haber sido sede del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, la primera institución de educación superior de América, preparatoria para la universidad, destinada a los indígenas, fundada en 1536, ya para esos primeros años contó con un programa sistemático, textos de estudios junto a una biblioteca, maestros formales que consolidaron la transmisi iniciemos conrnos conlesia cesia as de la Nueva España  sede del Colegio de Santa Cruz ón de la tradición cristiana a los términos de la cultura indígena, que dio fruto a la importantísima obra de Fray Bernardino de Sahagún con su Historia general de las cosas de la Nueva España, escrita dentro de los muros de ese templo, “además de realizarse estudios de gramática, retórica latina, geografía, historia, preceptiva literaria, lógica y filosofía, en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco se produjeron documentos como el Códice Florentino”1.

Original del Códice Florentino


En 1770, la ciudad de México se dividió en trece curatos, habitantes de la Parcialidad de Tlatelolco solicitaron que el templo de Santiago pudiera ser una de las cabezas administrativas eclesiásticas, sin embargo “no fue secularizada porque se temía darle importancia a un sitio que los indios consideraban como suyo, ellos habían construido la iglesia y aunque el colegio para la nobleza indígena era entonces sólo un recuerdo, la comunidad tenía gran respeto y apego por el lugar”2.


Curiosamente, el motivo de las autoridades eclesiásticas para negarle el curato al templo de Santiago y a su convento anexo fue haber sido sede del Colegio de la Santa Cruz, aún cuando el edificio y claustro que conocemos hasta nuestros días son los restos del Colegio de San Buenaventura y San Juan Capistrano edificado en 1660, ya que el templo original había sido construido con materiales paupérrimos. La jerarquía parroquial del rumbo fue otorgada a la capilla de Santa Ana (hoy localizada en las calles Peralvillo y Matamoros), de acuerdo a palabras del rey Carlos III de España: “por más cómoda y conveniente” y dejado “libre aquel colegio e iglesia a la religión de San Francisco, mediante haber sido el primero y el principal colegio de estudios de la expresada provincia del Santo Evangelio. Que quede en manos de la religión y que éste entregue todo lo correspondiente a la parroquia…”3.


La llegada de Cortés a tierras mexicanas
en el Códice Florentino
La negativa apresuró la decadencia y abandono del templo y convento de Tlatelolco, a mediados de siglo XIX el lugar mostraba un estado completamente deteriorado, solamente “los árboles, siempre verdes y gallardos que en grupos o en hileras, le cubre por varias partes (al suelo de Tlatelolco), son la prueba más cumplida de que sólo la naturaleza es grande en sus obras”4, el templo fue cedido por los franciscanos a la Parcialidad de Tlatelolco en 1861, cerrada el 24 de octubre de dicho año. En 1882 en palabras del cronista Manuel Rivera Cambas: “el cementerio estaba destruido y su lugar lo ocupaba una ladrillera, los arcos del atrio y éste mismo casi en ruinas; la iglesia, descuidada y sombría, conservaba, sin embargo, su retablo principal completo, y en la sacristía pudo constatar que se guardaban algunos retratos de personajes que estuvieron relacionados con la labor educativa que alguna vez se desarrolló en Tlatelolco”5. La iglesia abría sus puertas apenas los días domingos y después 1884 dejó de hacerlo porque se empezó a utilizar como almacén. El colegio de San Buenaventura fue convertido en prisión militar, para 1904 habían modificado su estructura porque fue anexado a la prisión un cuartel como lo advirtió Antonio García Cubas, mientras que en 1927 el pintor Gerardo Murillo, el Dr. Atl, dejó constancia que el inmueble seguía siendo parte de las oficinas aduanales.



Codice Florentino que sirvió para publicar la obra
de Fray Bernardino de Sahagun 
Rafael García Granados en el prólogo de un libro dedicado al Colegio de la Santa Cruz escribió que antes de volver ser abierta al público y regresarle sus servicios eclesiásticos estaba “la iglesia situada dentro de un patio de ferrocarril (…), convertida en bodega y rodeado de construcciones provisionales, sobre el ábside había una caseta de madera cubierta de anuncios de un refresco, en lo que debió haber sido el atrio y cementerio, había barracas construidas con desechos de materiales. El interior del templo, en algún momento se acondicionó como estufa de desinfección para carros de ferrocarril. Sobre ellos preside un fresco del siglo XVII que representa a San Cristóbal, único resto de la época que recordaba con veneración haber sido sitio destinado a impartir la alta cultura a los indios para colocarlos en posición de alternar en todos los campos con sus conquistadores”6. Aún cuando el templo había sido declarado monumento colonial en 1931 por iniciativa de Manuel Toussaint, los esfuerzos de relevantes personajes por hacer entender a las autoridades de la importancia de la historia y regresarle el valor artístico del conjunto monástico de Tlatelolco se logró hasta 1944, luego de 80 años de permanecer en absoluto abandono, lo que permitió una restauración de tres décadas para observarla tal cuál la conocemos cuando se inauguró el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco.


*Antropólogo

Notas
1.     Pablo Escalante Gonzalbo. “El Colegio Santa Cruz de Tlatelolco” en Arqueología Mexicana, Núm 89, Ed. Raíces, México, enero-febrero, 2008.  
2.     Mercedes de Vega. Tlatelolco. Afluencia de relaciones, SRE, México, 2009, p.13.
3.     Fernando de Ocaranza, El imperial Colegio de Indias de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, México, 1934, p. 208.
4.     Manuel Ramírez Aparicio, Los conventos suprimidos en México, Imprenta J.M. Aguilar, México, 1861, p. 431.
5.     Manuel Rivera Cambas, México pintoresco, artístico y monumental, Ed. Valle de México, México, 1882, p. 81.
6.     Elisa Vargas Lugo, Claustro franciscano de Tlatelolco, SRE, México, 1994, p. 42.







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